YO NO DIJE ADIÓS
Ella lleva un hermoso vestido blanco. Un velo cubre su
rostro y su falta de emoción. Hace algunos ayeres estaba con quien seguramente,
sería su futuro... Ahora esto. Comienza a quitar los pétalos de la inocente
flor que ha tomado y los deja caer poco a poco pensando en el otro ¿O es mejor
llamarlo el primero?
Él está en casa y es de noche. Toma el té dulce que ya
es costumbre sin haber una razón. Cuando extiende su brazo para coger la taza,
un pequeño pétalo salido de la nada cae en la bebida. Le recuerda aquel arreglo
que le dio y esta dejó morir. Arroja la pequeña taza y comienza a
caminar de un lado a otro.
Ella se pregunta qué estará haciendo él: Le hubiera
encantado verlo allí... Ser suya (¿No lo es ya?) Sabe que tiene dos corazones y
se niega a devolver el extra a su dueño. No soporta saber que recibió amor y a
cambio regaló un adiós. Lanza el ramo que acaba de ser testigo de la unión.
Aunque nunca se despidieron, era implícito que ya no
se verían.
Él tiene cerrados los ojos cuando siente aquel ligero
golpe en su pecho. Su corazón duele; Mas el golpe es externo: El destino le da
un ramo maltratado como burla a sus emociones. Cae de rodillas, sin embargo ya
no tiene lágrimas para llorar. Piensa en aquel invierno frío en que la
obscuridad lo atemorizó y ella se volvió su luz... La luz ¿Realmente acabó la
época en dónde ambos brillaban?
A ella la cubre la sombra del Kremlin: A él le hubiera
encantado. Juntos hablaron de los libros que a ambos les dieron cordura.
Esperaban verse en la cima de una montaña; Compartir los recuerdos del pasado para
nunca olvidar su procedencia... Escuchar una declaración... Su declaración. No
logra entender por qué ha tomado esta decisión y grita al viento: «Aún lo amo»,
y espera en secreta oración. A su mente viene la última vez que se vieron bajo
luz lunar.
Él se levanta para terminar con el sufrimiento cuando
una brisa le susurra: «Aún te amo». Jamás sintió tanto dolor como el que ella
significa. Es su verdadero amor y sabe que los demás solo serán para no
pensarla tanto. Sus silenciosos labios secos tiemblan, pero logran articular su
respuesta.
Ella cree oírlo y voltea.
Ambos están frente a frente en diferentes lugares...
Escasos centímetros los separan... ¡Pero si son océanos enteros! No, uno
siempre va a estar con el otro les guste o no. El sol despertará y encontrará
la forma de juntar las almas que se partieron.
Él devuelve las flores y ella huele su aroma: Su
masculino y tierno olor.
Ambos se dan la espalda sabiendo, un día se cruzaran:
La duda es ¿Cuándo?
Él canta en la obscuridad y avanza al futuro que le
espera.
Ella siente muy atrás al que conocía realmente y va al
futuro que ha elegido.
Ivân Kröger
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